Éste está siendo un fin de semana largo.
El viernes por la mañana comienzo mi turno de trabajo. Así que a primera hora (primerísima hora) despierto en mi puesto de trabajo sin saber muy bien cómo he llegado hasta ahí y compruebo estupefacto que también mi ropa a acudido a tan feliz acontecimiento. Mi Yo de por las mañanas es eficiente de cojones, aunque no sabe combinar colores.
Tras aguantar una mañana típica veraniega, acudo a casa de una amiga a cuidar de sus gatos. Alimento a las fieras y ya que estoy me doy una vuelta por internet, ya que en casa el router ha decidido comenzar el verano cogido de la manita de telefónica.
Por la noche fui a la cena de cumpleaños de una amiga, y lógicamente se hizo acompañar de sus amistades más próximas para deleite del personal. Entre ellas se encontraba la ReinadelosMares®. Si uno la mira objetivamente es una chica joven pero con experiencia, moderna, guapa, simpática... Pero oye, es de esas personas que ya sabes de antemano que hagas lo que hagas te va a caer mal. Es como marcarte un objetivo, metafóricamente hablando claro.
Me pasé toda la velada pensando en como reírme interiormente de ella, y alguna que otra vez exteriormente también. Pero poco. Creo que me estoy convirtiendo en alguien responsable y adulto, ya sabéis, uno de esos que son capaces de tragar más mierda de la que generan. Y más me vale para no descojonarme de mí mismo 40 años cuando firme una hipoteca.
Para tolerar mi choteo nocturno y tratar de reprimirlo decidí que lo mejor era darme a la bebida, así que abusé un pelín del lambrusco. Gran error. Yo tengo dos formas de coger el puntillo. La primera es aislarme de todo el mundo y recluirme en mis pensamientos poniendo cara como si fuera imbécil, y la segunda es despertar el ser dicharachero que hay en mí y dar rienda suelta a mi balbuceante labia, convirtiéndome así en imbécil y tartaja. No hace falta decir que normalmente sufro el primero síntoma, pero que por aquello de joder, a ratos sufrí el segundo. Tanto que llegué a descojonarme en público de la rubia chica en cuestión.
La ReinadelosMares® no pareció darse por enterada, y mucho mejor así, mi regocijado ego ya se dio por resarcido.
Otro efecto secundario que tiene el alcohol es que te incapacita para conducir, y eso es uan gran putada cuando has ido con tu coche y te está esperando (con dos cagadas de pterodáctilo macho adulto) pacientemente a la salida. Por suerte un amigo se prestó a llevarme a mi casa mientras yo aún me reía en el asiento de copiloto de mi propio coche.
A causa de eso, el sábado fue algo durillo. Tras volver a levantarme a primerísimo hora en el trabajo (mi Yo matutino no descansa ni habiendo dormido 4 horas, es todo un machote) tuve que aguantar a ciertos elementos del trabajo, todo relacionado con la estupidez humana, las convicciones innecesarias y Andy y Lucas.
Más tarde, y tampoco sin saber cómo, me encontré abriendo la puerta del piso de mi amiga, detrás de la c...
(... continúa)