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Osiris

Una tarde lluviosa

Son las siete de la tarde de un domingo lluvioso y frío.

Una compañera me dice que hoy es el día ideal para estar en casa con una manta y viendo Indiana Jones. Tiene razón.

Llevo toda la tarde programando y peleándome en general con código que tiene la manía de descentrarse a la primera de cambio. Mientras escucho mi recién estrenado Creative Zen Micro, el cual aún no me he refregado por mi pecho desnudo .

Tocan las ocho cuando estoy en la mesa de mi jefe, escuchando el Hullabaloo de Muse y decido hacer un descansillo. Levanto la vista, estoy rodeado de ordenadores. Encima del IBM de mi jefe hay un Pentium II con disipador incluido que usa para dejar los bolis. Me apunto mentalmente que debería acordarme de traer la cámara mañana para darle vidilla al fotolog. Pienso en hacer una foto sacando el logo del Pentium 4 HT que tiene debajo, para hacer el contraste viejo-nuevo. También valoro la posibilidad de retratar al mini cactus que hay detrás con el procesador y hacer un trío viejo-nuevo-cactus.

Me limpio las gafas y entre la súbita realidad borrosa recuerdo mi primer ordenador. Justamente un Pentium II a 350 Mhz. Ayer Kami me decía que un amigo suyo había despreciado un Pentium III a700 porque era muy lento. Él y yo nos sorprendimos un poco por esa afirmación. Desde luego no le podrás poner el último windows, pero sigue siendo una máquina muy útil. Hoy justamente mi madre me ha dicho que quería un ordenador para navegar ella. Seguramente me volverá a decir que se puede poner cerca de una roseta de teléfono para conectarlo a internet, y yo volveré a replicarle que hay que enchufarlo a eso que hay debajo de mi cama que parpadea vistosamente, y no al teléfono. No veo problema en ponerle un viejo ordenador, mucho mejor que dejarle mi portátil. Espero que ella no ponga más archivos a descargar en mi ordenador, porque ya estoy harto de bajar cosas de Grease y de Michelle Pfeiffer de mi hermana.

Me viene a la mente que en la oficina iban a hacer limpieza de trastos viejos y yo tenía la esperanza de que me dieran una vieja máquina SPARC (que lleva parada más de un año) para usarla en casa. Esperaba ponerla debajo de mi cama enchufada al router y acceder desde otro ordenador. No sé cuanto ruido hará, cuanto polvo será capaz de asumir y si mi madre tendrá algo que decir.

Las cosas han cambiado desde que tenía mi Pentium II. Me he hecho ingeniero, trabajo , tengo un coche decente que nunca lavo y un blog. Pero sigo pensando mucho en sexo. Hay cosas que nunca cambian, para bien o para mal.

No cambies

En la época del instituto una chica mayor (siempre igual...) me dijo que no cambiara. Lo consideré un piropo.

Cuando dejamos la relación mi ex novia y yo, me dijo que había cambiado, y yo me sorprendí.

Ahora al cabo de unos años me han vuelto a decir que no cambie nunca. ¡Y me he cabreado! ¡No sé a quien se le ocurrió ese halago pero es horrible! Vamos no me jodas, ¿así que tengo que ser igual siempre como si tuviera 23 años?. Pues lo siento, pero pienso ir cambiando con la edad, mejorando y evolucionando, mirando la vida de diferentes formas y prespectivas y actuando según me parezca conveniente. Y a quien no le guste que se vaya a cagar a la playa, ¡hombre ya!

"Mort estaba interesado en montones de cosas. Estaba la intrigante cuestión de por qué el sol salía de día en lugar de salir por la noche, cuando la luz habría resultado más útil."

                    "Mort", Terry Pratchett
 

Pendientes

He pasado el fin de semana a punto de morirme, por mucho que la gente mi alrededor me llamaran exagerado y no me hicieran caso.
Aburrido, por fin me digné a quitar las llaves del antiguo coche del juego de llaves "de casa". Hace año y medio que tengo coche nuevo (nuevo durante cinco años, mientras tenga que pagarlo).

Me sentí bastante bien tras ese acto de grandeza, así que voy a repasar las cosas pendientes que me gustaría hacer antes de morirme:


  • Descolgar el abanico de LEVEL de la pared de mi habitación.
  • Buscar piso en serio para independizarme.
  • Cambiar de banco, domiciliar la nómina y los recibos.
  • Enmarcar la orla de la carrera.
  • Probar los programas que pido por internet y que dan gratis, como la base de datos Oracle 10g o el NetBeans.
  • Probar de instalar el MacOSX en mi ordenador (ya lo tengo todo descargado, es cuestión de hacerlo).
  • Rearreglar (hay que hacerlo periódicamente) los cajones de mi vetusto armario.
  • Saber cuántos cedés regrabables tengo.
  • Organizar y archivar los papelotes del banco, el trabajo, los recibos...
  • Ir a Caldea aprovechando que tengo entrada gratis.
  • Escuchar toda la música que me bajo, leer todos los libros que compro, ver todas las pelis que tengo, revisar todos las páginas marcadas como interesantes en el navegador, leer los artículos que escribe la gente en sus blogs.
  • Comprar espuma para afeitarme, creo que mi piel no resiste más el simple agua con jabón.
  • Arreglar los altavoces del ordenador y así dejar de retorcer el cable tratando que haga contacto.
  • Limpiar el coche por dentro (no lo he hecho desde que lo tengo).
  • Guardar el portátil en su bolsa, que siempre está pels puestus.
  • Terminar el proyecto de navegación por mails.
  • Aprender inglés.
  • Arreglar la bici y volver a salir, y así ponerme en forma en general.
  • Comprarme un abrigo para este invierno.
  • Ir al dentista.
  • Aprender a jugar al ajedrez.
  • Terminarme los dos juegos que me compré para mi Nintendo DS


Y sobretodo,

  • Vivir la vida peligrosamente.

Compra

Ayer fui al súper a por unas cosillas.
Allí había una chica mayor que yo (rondaría los treinta) con la que tuve ese magnetismo tonto que sabes que existe mútuamente (espero que no sean imaginaciones mías). Unas cuantas miradas y cruces por los pasillos mientras buscaba las cosas que siempre me cambian de sitio (desde la última vez que fui, allá por el verano del 97).
Para colmo cuando fui a la caja la cola que menos gente había era en la que ella estaba la última, así que me coloqué detrás.

Ella llevaba leche de soja, yogures prebióticos y galletas de esas sanísimas de agricultura biológica entre otras cosas.
Yo llevaba cerveza Xibeca, cuchillas de afeitar, fideos finos, maíz y un cepillo de dientes.

Mientras oía la melodiosa voz de la cajera y el dulce trinar de la máquina al pasar los productos me dí cuenta que nuestra historia de amor no era posible.

Piropos

Una pequeña muestra de cosas que me han llamado en mi blog y fotoblog:
 
 
- Informático loco
- Colgao
- Pirao
- So feote
- Estás fatal
 
Aunque también me han llamado cosas peores
 
¡Tengo que plantearme la impresión que doy a los demás!

Como primera medida mañana tengo cita con mi peluquera a las nueve y media de la mañana, porque yo lo valgo.

FotoFlash

No sé si le pasará a mucha gente, pero a mí se me quedan momentos que veo grabados en la mente.

Recuerdo la cara de mi exnovia cuando estábamos en el coche y yo le recriminaba algo; ella tenía entre las manos la cabeza y cuando la levantó para decirme algo me quedé helado: tenia los ojos muy abiertos, rojos y le caían un par de lágrimas por la cara. Cada vez que recuerdo esa vista algo dentro de mí se estremece.

También recuerdo una escena sexual súper excitante con vestuario a medio poner de por medio. Yo, mis fetiches y mi voyeurismo...

Y otra escena más es la mirada de mi perrita con el collarín puesto cuando fuimos a buscarla al veterinario tras una operación. PArecía muy indefensa y me entraron unas ganas increíbles de abrazarla y llevarla a casa corriendo.

Este puente tuve otra imagen, fue la sonrisa de satisfacción que tenía una chica tras darnos unos besos, parecía incluso feliz, y como no estoy nada seguro de mis artes amatorias no pude más que acojonarme.

Creo que esta última imagen me perseguirá un tiempo, espero que mi compañero de cama me ayude.

En el trabajo

- Hazme la autonasia

- Háztela tú, que para eso es auto ¿no? 

Sexo

¡Tengo ganas de follar!

 

¡¡Hombreyapordioscagontó!! 

Cosas estúpidas

El otro día vi a alguien peleando con una lata que contenía leche de coco. Me pregunté por qué en pleno siglo XXI tenemos que seguir intentando que el abrelatas no resbale y tener ojito de no cortarnos en un descuido. Así pues me puse a hacer una lista de las cosas que no tenían sentido hoy en día, y aquí está:


El teletexto:
Es lento, cutre, no va bien, se ve fatal, es feo y su utilidad se ve resentida por esos motivos. Es de esperar que con la nueva tecnología digital en la transmisión de la tele se pueda tener un sistema mejor.


Los cedeses y deuvedeses:
Son grandes y difíciles de almacenar, por mucho que los cuides terminan rallándose, son lentos (necesitan tiempos de acceso) y al final uno se encuentra con toneladas de cedés grabados con las que no sabe muy bien qué hacer. Para mí el substituto ideal son las tarjetas de memoria tipo SD card, son pequeñas, resistentes, rápidas... Lástima la diferencia de precio, pero creo que si se usaran más, bajaría significativamente su coste.


Bush:
Pues eso.


Baterías:
Tienes tu flamante súpermóvilblutuzconcámaradeafotosmegapísel™ o tu portátilcentollocongüireléyochentagigasdeporno™ para fardar pero al rato tienes que volver a casa a cargarlo. Lo más gilipollas son los que se compran el ipot de chorrocientos y pico gigas porque así tienen siempre toda su música encima, aunque sea sin batería y no puedas escuchar más que un dos por ciento de su contenido antes de ir a buscar el cargador. Además, las baterías de litio tienen una vida útil, y no es demasiado larga. Para cuando no puedas usar la batería, el aparato ya está desfasado y por un poco más ya te compras el último modelo.
Necesitamos baterías de larga duración ya. No nos sirve tener el móvil cargado cuatro días, que el portátil dure seis horas. Necesitamos baterías que se carguen instantáneamente y aparatos que no necesiten un cargador del mismo tamaño.


Hacer colas:
Para comprar la entrada del cine, para pedir hora en el dentista, para ir a tráfico, para matricularte en los cursos, para que te atiendan en el banco, en el ajuntamiento, en hacienda... ¿Por qué todas estas cosas no pueden hacerse por internet, en tu casa y en gallumbos de una forma rápida, sencila y segura?


Internet Explorer:
Un navegador que prácticamente no ha sido actualizado desde que apareció Windows XP. Sin pestañas, sin bloqueador de popups de serie, sin extensiones, y que a la mínima te aparecen seis adware's tocándote las narices.


Vibradores a pilas:
¡Baterías ya! siempre se terminan cuando estás usándolo y claro... O eso me lo han contado...


Envoltorios:

Vas al súper, compras una pasta de dientes, viene en una cajita con purpurina, que refleja la luz curiosamente, y con un zona transparente para que veas los microgránulos que contiene. Llegas a casa, abres la caja para sacar la pasta de dientes y... la tiras claro. Si repetimos para los yogures, los huevos, los actimel, los cedés (que vienen envueltos individualmente!!), etc... tenemos media bolsa de basura llena con envoltorios que sólo se usan una vez y que nos cuestan dinero. ¿Hacen falta?Antes los huevos te los vendían en bolsas, o en cartones. Ahora te los venden con un cartón abajo, una cubierta de plástico, un papelito donde poner que son huevos y todo ello envuelto con un film de plástico protector. Antes en la misma tienda retornabas los cascos y te devolvían dinero; ahora tienes que llevarlos al contenedor para que lo fundan y lo vuelvan a usar.

Curry

— ¡Mama!, ¡mañana te voy a hacer curry!
— ¿Lo qué?

Así que ni corto ni perezoso me desperté por la mañana (parece trivial, pero no lo es) y me fui al Pryca (que ahora es Carrefour) a por las cosillas.
Volví a casa, me puse a cocinar:
— Déjame mama, ¡que vas a flipar!

Poché un poco la cebolla, doradita pero no mucho. Eché el pollo, eché la leche, y lo dejé a fuego lento mientras cocía el arrroz.

— Qué bien huele hijo...
— ¡Y mejor que sabe!

El último toque, lo preparo todo, escurro el arroz.

— Bueno, ¿qué tal mami? — Todo orgulloso porque he cocinado algo comestible sin prender fuego a nada.
— Ough... No sé... ¿Sabe mucho a moro no?
— Ehhh...

¡Un Ipod!


¡Me han dejado un Ipod Mini!
Por si su legítimo dueño lo ve, que sepa que después de frotarme con él lo he limpiado...
Mientras, valoro si me compro un Nano o es un simple capricho sexual.

Mi tesoro

«Si la grasa fuese oro, éste sería mi tesoro»
Señora rellenita mientras se cogía un michelín, 17/10/2005

Marca Reg,

Un día, cuando era más pequeño, vino mi hermano con un refresco nuevo.

— Quieres? No sé si te gustará..
Yo cogí la lata y leí.
— Ah! Si es de "Marca Reg." seguro que me gustará, me gusta todo lo de esa empresa.

Tierna infancia...

Becario

A primera hora de la mañana estaba yo entrando por la puerta de recursos humanos en busca de la chica que me tenía que llevar a mi nuevo puesto de trabajo. Era un empleo de becario, lo justo para sacar unas pelillas después del verano y mi primer trabajo sobre mis estudios. Más adelante vería si podía colar el proyecto final de carrera como un proyectillo TapaFugas&tm y matas dos pájaros de un tiro.

La chica me llevó de la manita a mi nuevo sitio de trabajo. Allí habían unas seis personas desperezándose delane del ordenador. "Mi" jefe aún no había llegado. La chica se despidió porque la llamaban para hacer un par de fotocopias o remover algún café ajeno.
Saludé timidamente a mis recién conocidos compis y me puse a mirar a mi alrededor. A los dos minutos treinta segundos ya estaba harto de mirar a mi alrededor y ver mesas y sillas del mismo color.
— ¿Suele tardar tanto?
— No, no, ya tendría que estar aquí...
Vaya, mi jefe había escogido mal día para empezar a llegar tarde.

Al final llegó, charlamos un rato, me presentó de nuevo a mis compis, nos chupamos las pollas mútuamente sobre lo que él esperaba de mí y lo que yo esperaba de él.

Sobre las diez nos fuimos a hacer un café. Apostillado delante de la regalinosa máquina del café pensé que todo había salido más o menos bien, no la había cagado, no había tartajeado notablemente, mi dislexia no había aprecido, no me habían pillado mirando pechos ajenos, no había dicho "neeng" ni había soltado babilla al hablar y la ropa interior conservaba su frescura...
— Vols algo de la màquina Jordi?
— Sí, un curtat!

Sueño

Pasó por lo que le pareció la misma puerta por tercera vez. A la velocidad a la que corría no estaba para detalles. Y no era para menos cuando se tenía a tres matones rumanos persiguiéndote por un angosto y montóno pasillo lleno de obstáculos. Éste tenía la particularidad que siempre giraba a la izquierda, una esquina tras otra, como un gran circuito.
De pronto al girar por enésima vez se encontró con un ventanal enorme abierto de par en par, con las cortinas ondulantes; una brisa suave inundaba la visión de un cielo azul, con una única nube algodonosa. No se lo pensó.
Un momento después estaba cayendo desde el edificio más alto de los que veía. Escuchaba las voces detrás de él, pero ya tenía suficiente con esperar el próximo asfalto, gris, duro y lleno de sombras que le esperaba...

Abrió los ojos y se incorporó de golpe, respirando agitadamente. Se dio cuenta de la situación. Otra vez ese jodido sueño. Dejó caer la cabeza en la almohada empapada, mirando fijamente el techo.
Y el despertador sonó.
Masculló un par de tacos. Se levantó, dio tres pasos y se le nubló la vista y al intentar agarrarse a algo para no caer pateó la esquina de la mesita de noche.

Dos minutos después , y cojeando, llegó al baño. Llevaba cuatro años cagando a la misma hora, desde que llegó a la ciudad. Llevaba esos mismos cuatro años leyendo las indicaciones de los botes del baño a la misma hora. Podía incluso recitar los ingredientes del anticaspa del Dia. El bote de hoy era de gel multivitaminas con muesli. Estaba vacío.
Aún ensimismado por su lectura alargó distraídamente el brazo. Movió inquieto la mano. No había papel. Recordó vagamente que llevaba varios días así.
— Nada a derechas, nada a derechas...— musitó

Se metió directamente en la ducha.
Llevaba trece días usando el champú "rizos perfectos". Llevaba trece días preguntándose si ella volvería a por él. Los mismos días que llevaba recordando la mirada que le dedicó desde la puerta, y que una vez más no supo identificar. Siempre pensaba que sería más sencillo si hubiera sido una mirada de odio, o de asco, o despecho...

Se secó con la toalla mohosa que colgaba del gancho izquierdo detrás de la puerta. Se introdujo en los pantalones de siempre y se puso una camiseta tras rebuscar en los cajones del armario.

Cerró la puerta en dirección al coche. Él nunca lo supo, pero con el golpe se fundió una de las tres bombillas de la lámpara del salón.
Cuando arrancó el coche se dio cuenta de que faltaba algo. El retrovisor derecho estaba colgando.

Cuarenta y seis minutos y catorce segundos después entraba por la puerta de la oficina, tras cruzarse con dos mendigos del este que le pidieron limosna. Siempre había pensado que las cosas ya eran suficientemente complicadas como para que la gente no se quedara allí donde la ponían.
No saludó a la recepcionista, y al abrir la siguiente puerta una chispa saltó del pomo directa a su dedo corazón. Escuchó una sonrisita detrás de él mientras avanzaba hacia su despacho.

Un ex-compañero de trabajo le dijo una vez que en esa empresa era en la que había la mayor cantidad de mierda encima de los sillones de la mayoría de los despachos. Llevaba quince meses preguntándose si él formaba parte de esa mierda.

Le costó diecisiete minutos ponerse al día de las rueniones a las que tenía que asistir esa mañana. Se sintió agobiado. Se llevó la mano al cuello para aflojarse la corbata, y descubrió despertándose que no llevaba. Vestía una elegante camiseta descolorida de Barcelona '92. Sin contar supo al instante que hacía trece días que no se calzaba una corbata. Se sintió más agobiado.

Salió del despacho apresuradadamente en dirección a la máquina del café. Tropezó con algo. Introdujo una moneda que encontró en el bolsillo izquierdo. Cayó el cambio. Cayó un vaso, azúcar, una cucharilla, y algo más. No era café.
Cogió el vaso humeante.
— Nada a derechas, nada a derechas...— susurró para él nervioso.

Un coche pasó, y le reflejó el sol con su retrovisor derecho. Se giró en redondo. La gran ventana del primer piso estaba abierta. En primer plano vio una falda, que se movía a los antojos de una leve brisa y de un trote bamboleante, casi hipnótico. Por primera vez desde que despertó le inundó la claridad del día.
No se lo pensó.
Un momento después estaba saltando por la ventana. Podía oír la voz del chico de mantenimiento que estaba arreglando la persiana. Podía notar el cemento acercándose.
Por una vez se alegró que no saliera a derechas, de todos modos, incluso la Luna alguna vez chocaría contra el suelo.

EGB

Cuando yo era más pequeño mi madre me compraba unos carillos fascículos publicados por la WWF sobre animales, los Zoobooks. Yo los devoraba una y otra vez.

Un día en el cole nos quedamos sin patio porque estaba lloviendo. Jugábamos a un juego de mesa de Educa. Teníamos que decir insectos. Un compañero dijo "una araña!" y yo le dije que una araña no era un insecto, que era cuñado de los escorpiones, no de las moscas. Todo el mundo estaba de acuerdo con mi compañero, total tiene más de cuatro patas y es asquerosillo, ¿qué más da?.

Medio indignado fui a preguntarle al profesor, que estaba hablando con la profe de la clase de al lado, y éste dijo algo así como:
- Ehh...Uhh... sí, bueno, se podría decir que sí...
- Pero no tiene antenas, ni el número de patas, ni alas -le contesté
- Bueno sí, pero son casi lo mismo -total, tiene más de cuatro patas y es asquerosillo, ¿no?

Así que volví a la mesa del juego, a soportar las burlas de mis compañeros, aún a sabiendas que tenía razón y que ese que me llamaba Sabelotodo™ no sabía poner la fecha en la pizarra sin cometer una falta de ortografía.

Años después supe que aquella fue una valiosa lección, y es que estés donde estés, y hagas lo que hagas, siempre vas a tener a un gilipollas por encima que no tenga ni puta idea, y al lado a alguien dispuesto a criticarte si levantas la cabeza para mirar por encima del rebaño.

Contorno de ojos

Ayer me hice metrosexual.
Fue así, como quien no quiere la cosa, que te toca la china y oye, te haces...

Pues nada, que estaba yo tan tranquilo y de repente me vi en un cuarto de baño, con unas luces cegándome y alguien me aplicó crema de contorno de ojos. Y estaba fresquita. Resulta que la piel de esa zona es muy delicada y necesita un cuidado y una crema especial.

La experiencia no estuvo mal. Pensé que sería más doloroso y que quizás no disfrutaría, aunque había oído a muchos hombres comentar experiencias similares, y decían que se te relajabas y te dejabas hacer solía ser placentero. Aunque yo supongo que depende mucho de con quien compartas la experiencia, claro está...

El sábado con Kami vimos a varios metrosexuales. Le comenté a él que todo eso de cuidarse y de vestirse tan fashion y tal estaba bien, pero que por qué tenían que tener tanta pinta de homosexual. Kami me respondió que sí, que sí, pero que siempre iban rodeados de mujeres de buen ver.

Así que ahora que ya formo parte de ellos estoy esperando con impaciencia a que llegue mi harén. Pero mientras estoy desorientado, no sé qué pasos más debo seguir. ¿Algún metrosexual puede guiarme hacia la fama y el folleteo sin fin? Le estaría muy agradecido, y él ya sabe a lo que me refiero... ;)

¡Malditos ladrones!

Me han robado la antena del coche. Y jode.
No es que se escuche mal la radio, quizás la Cope un poco peor, pero como sólo la escucho para reírme de jiménez Losantos...
Ahora voy con el radar puesto todo el rato buscando Renaults con antena, anoche Kami me gastaba bromillas cuando veía algún clío con más suerte que el mío.

Pero lo peor de todo esto es que ahora me obligan a hacerlo yo también.

No me gusta robar, me siento incómodo, y todo desde que de pequeño pasé un mal rato:
Iba con mi mami en un mercadillo y después de muchas súplicas de mi hermano y mías me compró un gran dinosaurio de plástico. Aprovechando la conversación de mi madre con el señor vendedor, cogí hábilmente un minidinosaurio y me lo guardé en el bolsillo con premeditación y alevosía. Cuando nos fuimos se lo enseñé a mi madre todo ilusionado:
- ¡Mira, mira mama!
- ¿Qué? ¿de dónde lo has sacado?
- Ehh...de allí....

Mi madre (sabia ella) me hizo ir al vendedor a devolverle el triceratops y, claro, a pasar un mal rato, porque a ver con qué cara le dices a un señor con bigote que le has robado una reproducción a escala de un animal extinto y que se lo devuelves...

Desde ese trauma infantil me siento fatal teniendo que robar. Uno pensará que qué madre más enrollada y que buena lección que me dió, pero es que me da reparo hasta recoger cosas del suelo!

¡Así que si alguien se "encuentra" una antena de Ranault (de los últimos) me lo haga saber!

La güirelé del vecino

- Puto! conéctate!
- Poh va ser que no!
El otro día mi router me dejó tirado cuando iba a hacer la ronda de blogs diaria.
Después descubrí que pubret no tenía la culpa.

"No pasa nada, tengo un último cartucho" -pensé

Así que saqué el portátil y me puse a pasear por casa en gallumbos con el portátil en alto buscando la red wireless del vecino. Al cruzarme con mi madre en el pasillo me hizo notar que esas son formas y que de todos modos el atuendo no era el apropiado.

Al final, tras múltiples combinaciones de posturas la mejor (y más cómoda) fue con el portátil en la barandilla del balcón.
Después de navegar un rato me puse a ojear sus archivos. Cuando uno ve compartidos los archivos de su vecino con permiso de escritura pierde mucha fe en la humanidad. Siento pena por los ingenieros de microchoft que se han currando sus sistemas de seguridad para ésto.

No tenía nada interesante, ni nada con lo que hacerle algún eventual chantaje. Para amenizarle el disco duro le copié la canción Autosuficiencia de los "parálisis permanente" (temazo) y un documento que le enseñaba como proteger sus archivos. Si es que soy un trozo de pan.

También tenía compartida su impresora. Estuve tentado de enviarle una foto para que la imprimiera... jiji!

Pero mi hapinness in a well, hoy no podía conectar. Supongo que no le gustó la canción y ha puesto algún tipo de filtrado por MAC adress, nada difícil de saltarse si hubiera apuntado la que tenía él y así poder emularla. Cagüen...

Cualquier día me encuentro a alguien en el ascensor y me parte la cara...