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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.
Tengo varias cosas de las que escribir, muchas cosas mundanas en las que fijarme extrañado con los ojos achinados, varias cosas en las que cagarme, y alguna que otra foto que mostrar por aquí. Lamentablemente siempre que encuentro un hueco para escribir no encuentro la forma de contarlo, y termino por cerrar el navegador e ir a hacer una cerveza con el amigo más cercano.
Últimamente tengo muchas sensaciones, algunas conocidas, algunas nuevas. Todo es fantástico y dudoso a la vez.
Además tengo la sensación de tener que hacer muchas cosas. Tengo la libreta mental llena. A mi alrededor se amontonan tareas a medio hacer. Tengo montones de música por leer y libros por escuchar. Tengo toneladas de artículos que wikipediar. Amigos con los que quedar.
Y entre estas cosas sigo dándole vueltas a cambiar de trabajo ahora que por fin vuelve la gente de vacaciones, y ahora que finalmente me voy yo.
No me gusta dejar de ver a diario a mis compañeros. Por muchas risas que compartas ya no vuelve a ser lo mismo. Saldrán nuevos, claro, pero a mí déjeme el misionero de siempre y seré feliz oiga.
En estos tiempos en que la gente se siente sola cuesta separarse de aquellos que te hacen sentir cómodo al rodearte. Y el jodido messenger no lo va a arreglar por muchos emoticonos epilépticos que tenga.
Mientras nada nuevo bajo el sol. O bajo la lluvia.

Soy un visionario.
Ahora me falta encontrar un libro donde diga "Viva la droga".
Una vez más, la gente es gilipollas. Y además no tiene memoria.
Las lluvias torrenciales que asolan la costa catalana son de lo más comunes. Cada año después del verano ocurre el fenómeno de la gota fría. Cada año por estas fechas sale una señora en la tele diciendo que en treinta años que está aquí no ve nada igual.
Yo no tengo treinta años, y ya recuerdo estas lluvias cuando empezaba el cole. Y cada siete u ocho años es especialmente bestia. Recuerdo ver llena la desembocadura de la riera en Cambrils (los que conocen la zona ya puede flipar), recuerdo ver pasar el agua por encima del puente que cubre el Francolí, recuerdo ver pasar el agua por encima de la carretera que cruza el camino de esa misma riera a su paso por Reus. Justo por donde ahora la han canalizado y han construido pisos casi encima.
Y no me sorprenderé si dentro de unos cuantos años veo a los vecinos de esos edificios salir en las noticias porque se les ha anegado el parking.
Y es que hay que se gilipollas (o no haber vivido aquí) para comprarse un piso encima de una riera que se pasa casi doce meses al año seca.
Y capullo para salir cada año en las noticias a decir que se te inunda en chalecito.
Una vez más no sé si yo soy demasiado observador o el resto es demasiado poco.
Resulta que un programa que va en un servidor y que filtra los mensajes de correo electrónico (para ver si son spam o no) tiene la peculiaridad de cobrar por cada usuario conectado en la red. Para los no entendidos, diremos que por cada usuario que quiera enviar mensajes en la empresa hay que pagar un tanto.
Este tipo de licencia en el software es muy común (¿o te creías que comprando un windows podías instalarlo en todos los ordenadores de casa, en el portátil y al ordenador de tu cuñao?). La gente lo acepta sin más. Y a mí me parece increíblemente vergonzoso.
Por hacer un símil, sería como si comprando un libro deberías pagar un tanto por cada persona que lo quiera leer, o si comprando un coche debieses pagar por cada plaza, aunque el coche llevara capacidad para cinco pasajeros, tú sólo podrías llevar a los que hubieras pagado.
Lo peor es intentar justificarlo, ver a la gente argumentar que cada usuario se beneficia de ese software, por lo que es justo que pague. Así que a partir de ahora cada persona que use la lavadora de casa debe pagar un tanto más al fabricante. O si quieren un ejemplo de artículo no material ponga el símil de la música, sería como si nadie más que tú pudieras escuchar ese disco que te has comprado.
Pero no, lo peor es ver la cara que se les queda a la gente cuando intentas explicarles estas cosas, te miran raro, como si fueses un comunista, un okupa y un cracker todo junto. Y cuando sacan de su tímido arsenal argumentatorio frases como "míralo, el linuxero, todo gratis ¿no?" es cuando sabes que es ganado. Ellos ponen sus ideas y su mente al servicio de otros y señalan al que saca la cabeza del rebaño, porque sí y porque las cosas son así y novaavenirunfrikireciénsalidodelcascarónacambiarlohombreya.

Valencia es chanchis.
Urbanísticamente un desastre pero chanchis.
Existe una ley no escrita que dice algo así como "si algún hijo de mala madre te roba la antena del coche, tu progenitora tampoco es tan buena". Es una de esas máximas que todo el mundo sigue a rajatabla, como desear el trabajo ajeno ("tú sí que vives bien, si tuvieras que currar como yo...") u opinar de cosas de las que uno no tiene ni repajolera idea ("yo no soy programador, pero tampoco tiene que ser muy difícil hacer un programa así").
Hace tiempo que a mí me robaron mi antena del coche, y desde entonces he ido tirando sin ella. No escuchaba demasiado bien la radio, pero me daba lo sufi como para oír a fede por las mañanas y ahorrarme así los 30 céntimos del café matutino.
Siempre estaba pendiente de robar una antena, pero dada mi incapacidad ladrona (y aprovechando mi último viaje), decidí comprarme una antena para escuchar las ondas hertzianas como me merezco: la más barata , por supuesto. Mientras la instalaba pensé que era un buen tío, que no propagaba el malestar que ocasiona que violen tu propiedad privada. Estaba aportando mi granito de arena para detener el tráfico internacional de antenas de coche.
Y ahora cada vez que me acerco al coche una sileta de plástico flexible y doblado ligeramente hacia la derecha (y luego hacia al izquierda) me recuerda que soy un tío genial. O un gilipollas.
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