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Hace tiempo me compré unas margaritas.
Pero al poco tiempo murió fulminantemente, a pesar de haberle aplicado escrupulosamente los cuidados necesarios que hábilmente encontré en una web de jardinería que jamás pensé que visitaría. Me puso de mal humor.
Mi señora madre, que es muy apañá y salá, me vio apenado, y decidió sorprenderme dejándome una maceta enorme con margaritas en el centro de la mesa de mi casa.
Lamentablemente al poco las flores empezaron a secarse y temí que siguiera el mismo camino que su predecesora. Busqué otra página más seria, e incluso le pedí ayuda en un foro a una señora que parecía ser la madre del jardinero de Bricomanía.
Pero no sirvió de nada. Todas las flores se secaron, y con ellas gran parte de mi ánimo.
La planta perdió casi todas las hojas a pasos agigantados, y me resigné a verla palidecer cada mañana un poco más cuando acudía a saludarla, convencido que jamás volvería a verla verde iluminante.
Por el camino perdí además un cyclamen que me regalaron en unas Navidades y que me acompañaba desde que me independicé.
Pero hoy ha sido especial.
Hoy me he levantado para bicicletear por última vez en mis vacaciones y tímidamente escondida ha aparecido una nueva flor. La sonrisa me ha durado toda la mañana, y ahora la tengo al lado de la tele, para verla continuamente y seguir sonriendo.
Es tan pequeña y delicada como poco agraciada, pero a mí me encanta.
Es mi margarita, again.
Hace menos de un año subía al Castell d’Escornalbou.
Por aquel entonces hacía poco que había retomado mi carrera biciclística, y aquella subida se me antojó harto dura.
Hoy he vuelto a subir con la Peña. He cogido la rueda del todopoderoso Enric y he parado el crono en 25’’ 12’, colocando el pulsómetro a 196 cuando el desnivel se ha puesto al 18%.
Hace un año lucía así al término de la subida:

Hoy era yo el que hacía esta foto esperando a que llegaran los demás:

Para celebrarlo me he hinchado de comer y beber vino.
Ya me queda menos para cumplir mi promesa y dominar el mundo.
...y mientras en mi cabeza sólo sonará Chemical Brothers.
Tengo un nudo en la garganta para hablar,
también tengo un fantasma
en el desván de mi cabeza.
La suerte está tardando en venir,
pido un rescate a quien
me pueda oír antes de que amanezca.
Se han ido todos de la fiesta,
sólo quedo yo en esta orquesta.
Pasos de equilibrista,
tiemblo sobre la pista,
El mundo cambia tan deprisa,
mi corazón juega en la cornisa.
Hoy iba a escribir un artículo serio. Algo maduro y responsable, parecióa un tratado sobre sociología, en serio. Pero llevando buen trecho he visto a mis periquitos fornicando como posesos una vez más. Así que he sonreído tímidamente y lo he borrado todo. Hoy es festivo y no hay que escribir cosas serias.
Desde que tengo uso de razón hay periquitos en mi casa. Todo comenzó cuando mi madre nos compró uno verde a mi hermano y a mí y lo llamamos Cuqui. Desde entonces todos los periquitos son los Cuquis.
A aquel pájaro lo dejábamos suelto todo el día, en la habitación en la que cosía mi madre y en la que prácticamente hacíamos vida.
Recuerdo llorar a raudales cuando Cuqui aterrizó en plato de ensaladilla, y mi madre corrió presta a cambiármelo y a abroncar al responsable.
Hace unas dos semanas que separé una de las dos parejas de periquitos en una jaula aparte con un nido, para que tengan más intimidad para sus carantoñas.
Siempre me ha hecho ilu tener miniperiquitos (que serían periquititos, supongo), pero nunca he pasado de obtener algún huevo del que no ha salido nada.
Pero esta vez parece que a la parejita le ha cogido el tranquillo, y no paran de darse plaser todo el día. ¡Una tarde conté cinco veces! con sus siestas posteriores y todo ¿eh?. Unos sementales, ya te digo. Además han contagiado a la otra pareja, que también se da un capricho de vez en cuando, aunque a menor ritmo, claro.
Aparte de lo anterior, mi vida se puede resumir en trabajo y bicicleta, mientras espero inspiración para la fotografía.
Lo primero es demasiado aburrido, de hacer y de explicar.
Así que vamos con la bici.
Ayer casi nos anochece bajando trialeras, y mañana tengo otra nueva etapa con la Peña El Jamón, todo ello aprovechando que porfin tengo eje de pedalier nuevo y que no hace ruido.
Lo que también tengo nuevo es la posición del pedal derecho. Nunca le he terminado de pillar el punto, y después de las dos salidas de entre semana he tenido molestias en la rodilla y en la cadera. Además estoy hipocondríaco desde que conocí a un chico en la PhotoWalk de Tarragona que se dejó el menisco tras una semana de pedaleando en Irlanda.
A pesar de todo esto, el martes (aprovechando que es festivo en Tarragona) i
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¿Mí corazón se ha dormido?
Colmenares de mis sueños,
¿ya no labráis? ¿Está seca
la noria del pensamiento,
los cangilones vacíos,
girando, de sombra llenos?
No; mi corazón no duerme.
Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña; mira,
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
a orillas del gran silencio.
Hoy (festividad de Sant Magí en Tarragona) he ido a afrontar mi reto: a modo de recordatorio, se trataba de bajar de los 20 minutos subiendo la Teixeta. Me he calzado unas mallas viejas (que se transparentaban escandalosamente) y he ido a buscar a Kami. Una hora después estábamos en la falda de la montaña.
He empezado la escalada muy fuerte, pero controlando. Cuando llevaba 10 minutos y había adelantado a un par de ciclistas de carretera, tenía la sensación de que ya había pasado en mucho la mitad. Iba viento en popa, toda vela.
Dos minutos después me he venido abajo. Las pulsaciones se me han disparado a más de 190 y no lograba controlarlas.
A dos curvas del final cuando el terreno se suaviza, he calzado dos piñones más y he mirado el crono: sobre los 19 minutos...
Última curva, engrano otro piñón y esprinto mientras el pulsómetro se vuelve loco. 19:52, 53, 54.....
paso la línea de referencia y miro fugazmente el crono:
20’ 01’’
Entre estertores de muerte, mareos y arcadas río de mi suerte.
Lo peor es la vuelta, pensando en todos los momentos en los que pude haber perdido dos míseros segundos.
Pero hay que ser positivo, me he demostrado que estoy ahí ahí, un poco de entreno más y ya lo tendré al alcance.
Estoy hecho un chaval.
¡Síííí!
Una vez más voy a hablar de bici, pero es que mi vida es algo sosa últimamente (los últimos 20 años).
Impulsado por las espectaculares descripciones de Nata, decidí hacerme con un bote de L-Carnitina, para mejorar mis rendimientos deportivos.
He estado investigando y parece ser que el tema este es el mejor invento desde la gaseosa: aumenta el tono muscular, ayuda a la transformación de grasa en energía, reduce la generación de ácido láctico en el músculo, etc...
En la etapa de hoy lo he puesto a prueba. Aunque me ha costado mucho entrar en calor, he ido pendiente de las sensaciones. La verdad es que apenas he notado nada. Lo único ha sido que he encontrado un par de veces espectacular la recuperación de pulsaciones. En un momento subía a más 187 (donde tengo configurado que el pulsómetro me alerte de que me muero) y seguidamente he bajado a 160 y pico. Aunque realmente no sé si atribuirlo al nuevo dopping o a que estoy hecho un mulo.
Lo que no mitiga el jodío dopping es la posición del pedal derecho. Levo toda la tarde con dolor de cadera, creo que esto va a terminal mal.
Total, resumiendo, que ya sólo me queda la EPO. Tengo que comentarle a la doctora del trabajo a ver qué se cuece por los bajos fondos...
Hoy me he levantado demasiado temprano. He puesto el partido de baloncesto mientras limpiaba los periquitos.
También he trasplantado el helecho que tenía en mi habitación en una maceta más grande y lo he puesto al lado del sofá.
Después me ha entrado un hambre voraz y me he comido la ensaladilla rusa que tenía preparada para este mediodía y el de mañana lunes. Rondaban las once.
Me he tomado dos cervezas y tres flashes mientras terminaba "Un mundo sin fin" y mis periquitos volvían a darse plaser.
He visto el inicio de la fórmula uno pero me ha aburrido soberanamente.
Me he levantado de la siesta hambriento y me he comido un bocata de nocilla mientras escuchaba a La buena vida.
Después he pensado que estaría bien ir a tomar café con mi madre, ahora que está tan sola.
En cuanto he llegado a su casa me ha entrado un hambre voraz y le he vaciado media nevera. Después me ha invitado a café mientras me contaba los últimos cotilleos del vecindario y yo jugaba con Birrita. También cargaba el móvil porque me quedé ayer sin batería, y el cargador estaba en el trabajo. He recibido varios mensajes y he escrito otro. Me ha llegado un sms avisando de que estaba apunto de comenzar el concierto de Los Planetas en Gijón. He sentido una punzada.
Mi madre me ha despedido regalándome infusiones de sabores y un plato para poner bajo el helecho.
De camino a casa me ha empezado a doler inquietantemente la cadera. Me he comprado unas Juanolas para olvidarlo.
En cuanto he llegado me he puesto a cocinar pasta con pimientos del piquillo y pasas porque se me han antojado.
Mañana vuelta al curro.
Sigo teniendo hambre, espero que no sea por el doping que me estoy chutando.
El otro día terminé "Un mundo sin fin". Me encantó, aunque hay que decir que es un libro un poco guarrete: felaciones, curas y monjas dándose placer (eso sí, curas con curas y monjas con monjas, ordenaditos), tríos, orgías.... Vamos, que en la Edad Media se lo pasaban mejor de lo que creía!
Espoleado por un mono lector, busqué un libro en mi estantería de "pendientes", custodiados por un dedo de polvo.
Encontré un disco que me trajo buenos recuerdos, y otro que ni tan sólo recordaba tener.
También encontré un dvd con fotos donde poder ver a la Peña con más pelo y mi antiguo cpd en múltiples planos.
Entre dos libros encontré una nota:
"Yo tengo tu libro de la sombra del viento.
VAL 1 AÑO!
06/03/07
Yo!"
La primera reacción fue descojonarme, claro.
La segunda fue intentar recordar si yo tenía ese libro, aunque sí que sabía que lo había leído.
¡Y la tercera fue pensar quien tenía MI libro!
La letra parecía de mujer, eso restringía bastante el espectro de gente que podía haberme hurtado el libro.
La mañana siguiente despertó con un correo a todas las personas de quien podría sospechar.
Varios "yo no lo tengo", "y a mí qué me dices?", "quién eres?" y "como sigas insistendo llamaré a la policía!" hasta que la culpable dio muestras de arrepentiemiento.
Al final resulta que se lo di yo, me comentó que a lo mejor lo había perdido (me reenvió el mail donde lo comentamos largo y tendido) y hablamos de ello más de una vez...
Al menos he conseguido que me lo devuelva y que me invite a comer por tal agravio.
Total, que como siempre, la culpa es de mi memoria de pez.
PD: Sigo con el dopping. El finde rompo.
Ya ha empezado el finde de la muerte: subida a La Mussara + Castillejos el sábado y Mussara + Prades el domingo.
La primera jornada ha sido con la Peña, y ya ha pasado:
en Vilaplana se ha dado el pistoletazo a 11 kilómetros de subida: "a partir de aquí, que cada perro se lama su rabo".
He subido desde atrás con C, he pasado a todo el mundo y he sido acompañado de un simpático señor que sólo hacía que hablar y decirme todo el rato "¡si esto ya está! sólo queda un kilómetro", mientras yo veía que quedaban seis marcado en el suelo.
También me han acompañado un equipo amateur de una multinacional belga, a los que realmente tampoco se les veía demasiado finos (sin ánimo de sobradez). He ido enganchándome de rueda en rueda a medida que me pasaban. Poniéndome a 190 en ocasiones. Pero esa no era mi guerra, y mi dicharachero compañero de penas me recordaba que mi pneumático hacía tres de los suyos, lo cual me consolaba relativamente.
Además cada vez que me levantaba del sillín el punzante dolor en las costillas que sufro desde la semicaída del martes me hacía sentarme de nuevo.
Cuando he llegado arriba los belgas tenían coche escoba y avituallamiento. Reían y comían plátanos. Por ese orden.
Yo he hecho medio camino hacia los repetidores (estaba en uno de los puntos más altos de la comarca, y porque no me atrevo a asegurar que sea el que más), he soltado una reconfortante meada y he consultado el móvil: había coronado el puerto de primera en 47 minutos, había fulminado mi anterior registro (de hace tres años creo recordar con mi memoria de pez) de una hora y poco.
Y miraba el móvil queriendo contárselo a alguien, para compartir la ilusión que me hace sentirme tan fuerte últimamente. Pero no sabía a quién decírselo: C, Ll y N iban detrás y los vería en breves minutos, a A no correspondía para nada y a P o L no le interesarían mis pinitos ciclistas.
Con el móvil en la mano, en mi cabeza sonaban retazos de "La buena vida":
Partiré hacia el final, no se si podré llegar
otros lo intentaron antes ya.
Es en la dificultad, donde encuentro mi lugar
con una misión por completar.
Ese es mi hábitat normal.
Como me gustaría poderte relatar, mis aventuras al llegar.
Las maravillas que encontré al acercarme al astro rey.
Cien mil estrellas que casi podría coger.
La inmensidad que contemplé.
Cuando nos perdió co
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